Meredith tenía un aspecto horrible: los ojos oscuros vidriosos, los labios de un blanco azulado y temblorosos, pero seguía intentando cuidar de ella, intentando mantener aún la entereza.
-Vamos- dijo Boonie mirando a su amiga con fijeza-. Llora, Meredith. Chilla, si quieres hacerlo. Pero sácalo de algún modo. No tienes por qué mantener la serenidad ahora y guardarlo todo dentro. Tienes todo el derecho a perderla hoy.
Por un momento, Meredith se limitó a permanecer allí, temblando, pero luego sacudió la cabeza con un horrible intento de sonrisa.
-No puedo. Simplemente, no soy capaz de hacerlo.

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